jueves, febrero 24, 2005

Amantes

-¿Qué hora es?
- Más de las 9.
- ¡Cielos es tardísimo! Me tengo que ir.
La claridad diurna inunda las cuatro paredes. Asustada, arroja las sábanas a un costado y de un brinco se lanza fuera de la cama. El se sienta, mientras acaricia sus cabellos torpemente tratando de expulsar la pereza de su cuerpo entumecido. Ella busca sus ropas por el borde de la cama y bajo ella. El, la observa: Desnuda, diligente, desesperada. Desnudo, puesto en pie, lanza sus brazos al cielo dejando escapar un sonoro bostezo. Contando sus pasos zigzagueantes se dirige al baño.
Orina en el excusado sin levantar la tapa. Con sus manos encallecidas por el trabajo duro, aprieta su rostro con fuerza y frota sus ojos con fruición. Siente los pasos de Violeta, yendo y viniendo en la otra habitación. Gerardo, corre la cortina de la ducha, entra con los pies descalzos y abre la llave. Gotas frías, un torrente helado, recorren su cuerpo. Siente despertar, tiritando de frío se da un abrazo...
Violeta, entra al baño. Se lava la cara con rapidez en el lavabo. Seca su rostro y se pinta los labios. Su reflejo en el espejo la muestra ojerosa, cansada. El ruido de la ducha, de gotas cayendo, inunda el ambiente. Termina de pintarse las cejas. Cuidando cada detalle... Cada cabello en su lugar. Con una palma prueba su aliento, aún siente el aliento de Gerardo...
Gerardo, cierra la llave. Seca su cuerpo y cabello con grave descuido. Se dirige a la habitación contigua, dejando tras si un rastro húmedo. Apenas alcanza a divisar los dedos de Violeta en un gesto de adiós y siente el golpe de la puerta al cerrarse tras ella. El, se dirige a la ventana y tras las cortinas observa a Violeta enfundada en su traje rojo, rojo como el pecado, rojo como sus labios, rojo...La ve abordar un taxi y perderse en la ciudad.
Pensativo, mirando la nada, coge la cajetilla de cigarros. Vacía. El último fue el de anoche. Lanza la cajetilla vacía al viento, termina de vestirse y abandona la habitación.